miércoles, 31 de marzo de 2010

¡ EUREKA !

Todo el que alguna vez haya realizado una labor de investigación en un archivo alberga el deseo de encontrar algo "perdido" y darlo a conocer. La emoción que se siente y la satisfacción personal son inmensos.

Como muchos sabeis, uno de mis tesoros más queridos de la ciudad de León son los BANCOS DE ZULOAGA a los que en su día dedicamos aquí una entrada. 

En el transcurso de una investigación en marcha hemos acudido al Archivo histórico municipal de León. Como tal, no tenían constancia de la existencia en sus fondos del proyecto para la instalación de esos bancos y la fuente correspondiente. Pero hete aquí que, consultando información de otros proyectos en esa plaza, resultó que entre los documentos del proyecto de ampliación de Jardín de la Catedral estaban los originales de proyecto anterior. Típico de las administraciones locales: en su momento no hubo dinero para hacerlo completo y, cuando lo hubo dos años más tarde, utilizaron el original y lo archivaron en base a su último uso. Al pasar del archivo "vivo" del ayuntamiento al histórico, el error persistió.

Quien no conozca el funcionamiento de un archivo tal vez no se explique cómo es eso posible. Desde aquí deseamos romper una lanza a favor de todos aquellos que dedican su vida a un archivo y reciben injustas críticas porque la razón es bien fácil: La mayoría de nuestros fondos archivísticos cuenta con unos medios precarios en los que es imposible realizar una catalogación completa y exhaustiva. En el caso de un archivo administrativo como este, la cantidad de fondos que se aportan de cada vez no permite revisarlos uno a uno, sino que han de fiarse de la primera y básica clasificación que de ellos se ha hecho en origen.

Un archivo tiene 3 niveles dentro de los instrumentos de descripción que nos permiten controlar y utilizar la documentación:

La Guía del Archivo, describe los fondos que contiene, las secciones en que se divide, su historia, la bibliografía publicada sobre el mismo,...

El Inventario es más concreto y describe el archivo y/o secciones sumaria y brevemente, dando a sus fondos una signatura que los identifique, acompañada en el listado por una fecha límite del documento y una entrada descriptiva.

El Catálogo, es más completo y comprende una descripción de una serie, formada por documentos o expedientes, de una en una y debe comprender y recoger los siguientes datos:
1. Localización en la instalación, determinada por la Signatura.
2. Caracteres internos el documento: la data completa y el regesto (resumen del contenido).
3. Caracteres externos del documento: Lengua, tradición documental (original o copia), tipología, formato y medidas, materia escriptoria, tipo de escritura y estado de conservación.

La puesta al día, la informatización y el acceso a toda la información contenida en nuestros archivos históricos es lenta y difícilmente abarcable por la mayoría de ellos. Aunque en los últimos años los progresos y el acceso a internet nos ha hecho pensar que es cosa hecha, nada más lejos de la realidad.

Llegados a este punto, es fáclmente comprensible cómo algo se puede "perder". Simplemente, en multitud de casos el problema radica en que se elegió una entrada descriptiva errónea (o al menos que no comprende el verdadero asunto en su integridad) y al consultar la base de datos o el catálogo, los "criterios de búsqueda" no coinciden. Es un tema que cualquiera que haya buscado información en la red de redes con asiduidad comprende perfectamente, "indexar" correctamente es la única forma de que se pueda encontrar la información.

En cualquier caso, eso permite que cualquiera pueda llevarse la sorpresa de un "gran" hallazgo y disfrutar de compartirlo con todo el que esté interesado.
Y gritar, como Arquímedes, ¡EUREKA!, con toda la razón.

Saludos a todos. Nos vemos por León.

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